El hombre del tren



Dirección: Patrice Leconte.
País: Francia.
Año: 2002.
Duración: 90 min.
Interpretación: Jean Rochefort (Manesquier), Johnny Hallyday (Milan), Jean-François Stevenin (Luigi), Charlie Nelson (Max), Pascal Parmentier (Sadko), Isabelle Petit-Jacques (Viviane), Édith Scob (Hermana de Manesquier), Maurice Chevit (Peluquero), Véronique Kapoian (Panadera), Jean-Jacques Cornillon (Director del banco).
Guión: Claude Klotz.
Producción: Philippe Carcassonne.
Música: Pascal Estève.
Fotografía: Jean-Marie Drejou.
Montaje: Joëlle Hache.
Diseño de producción: Iván Maussion.
Vestuario: Annie Périer.
Estreno en España: 4 Abril 2003

SINOPSIS

Una estación. Un tren se para: baja un hom-bre. Un tipo solo, que llega a la ciudad por pri-mera vez. Se llama Milan (Johnny Hallyday), un hombretón con aire de desencanto y una bolsa de viaje al hombro. Una farmacia a punto de cerrar. Entra buscando aspirinas efervescentes y encuentra a Manesquier (Jean Rochefort), profesor de lengua jubilado, mayor que él. Aunque no pueden ser más opuestos o, al menos, más dis-tintos, parece que simpatizan, muy poco a poco, y por una simple razón: curiosamente, a cada uno le hubiera gustado llevar la vida del otro. El profesor soñaba con ser un aventurero, el aventurero podía imaginarse como un hombre casero. Dentro de tres días, Milan tiene que atracar el banco local... Por eso está aquí. Dentro de tres días, Manesquier tiene que someterse a un triple by-pass. Por eso tiene miedo. Tres días para conocerse. Tres días para creerse ilusioramente que habría sido posible llevar otra vida. Tres días antes del triple salto mortal. Pero, y si todo sale mal...

Temas:

Proyecto de vida; valores; comunicación; relaciones humanas.



CRÍTICAS DE CINE A LA PELÍCULA "EL HOMBRE DEL TREN"

El otoño del pistolero

NACIONALIDAD: Francia.
DIRECTOR: Patrice Leconte.
INTÉSPRETES: Jean Rochefort, Johnny Hallyday, Charlie Nelson, Pascal Parmentier, Isabelle Petit-Jacques, Jean François Stévenin.

Un hombre se apea del tren, en la estación de un pequeño pueblo. Lleva poco equipaje, el indispensable. Camina por las calles desiertas, mientras los comercios van cerrando a su paso. Va en busca de una farmacia en la que comprar aspirinas para aliviar el dolor de cabeza que le lleva molestando todo el viaje. Sólo estará unos días, pues su intención no es otra que la de atracar el banco y retirarse tras una vida al otro lado de la ley.

Patrice Leconte (El marido de la peluquera) nos muestra en El hombre del tren su particular visión del western crepuscular y nos propone un duelo interpretativo de gran altura entre dos maduros pistoleros: uno que lo es y otro que lo quisiera ser. De esta forma, nos enfrentamos al encuentro de dos personajes que, en el ocaso de su existencia, se dan cuenta de que a cada uno le gustaría estar (aunque sólo sea por un instante) en la piel del otro.

Por un lado tenemos al pistolero de verdad (Johnny Hallyday), un delincuente solitario, taciturno, de pocas pero precisas palabras y de mirada profunda e inquietante. Por el otro al viejo profesor de literatura (Jean Rochefort), un pistolero de las palabras, flaco, espigado, enclenque y de una verborrea inacabable.

El encuentro casual entre estos dos personajes hace que el mundo de ambos se tambalee y que surja entre ellos una amistad que se sustenta en la admiración mutua. Cada uno ve en el otro el hombre que le hubiese gustado ser. El pistolero envidia la vida tranquila del profesor, en su casa con jardín y rodeado de sus libros. El profesor, por su parte, admira en el pistolero una vida de aventuras que él, por su condición física y su falta de carácter, sólo ha podido experimentar en sus lecturas o en el cine.

Leconte firma con El hombre del tren un amable y nostálgico duelo no sólo entre sus personajes, sino, sobre todo, entre dos actores tan diferentes como Hallyday y Rochefort. Se apoya en ellos, en sus actuaciones y en sus antitéticos rostros (uno seco, pétreo y el otro lleno de expresividad) para dibujar un relato simpático, inteligente y de gran hondura sobre la amistad y la soledad. Un relato que nace de la escritura del guionista Claude Klotz y que tiene su centro en su juego de réplicas y contrarréplicas entre sus dos personajes.

Sin embargo, a pesar de las bondades de su desarrollo, se nota demasiado que ni Leconte ni su guionista tenían claro cómo finalizar esta historia. Mientras toda la película transcurre apaciblemente, ahondando en la relación y en la vida cotidiana de esta extraña pareja, llega un momento en que todo se acelera y se llega a un final un tanto atropellado, entre onírico y metafórico, que, inevitablemente, resulta forzado.

A pesar de este final que, si bien no es del todo fallido, no es el más adecuado, Leconte y compañía logran conformar un film más que correcto. Es El hombre del tren una película que se ve con agrado y que deja un buen sabor de boca una vez finalizada. Y eso sólo es posible gracias a unos intérpretes excepcionales que sostienen y se apoyan a un tiempo en una escritura lírica, irónica y, por desgracia, mal rematada.


Por J. A. Pérez
Fuente: http://www.cine.ciberanika.com/cri11.htm

EL HOMBRE DEL TREN
Por Travis


En una ciudad francesa de provincias coinciden de forma casual dos hombres. Uno es Milan (Johnny Hallyday) un forastero de aspecto misterioso, el otro es Manesquier (Jean Rochefort) un lugareño de aspecto inofensivo.

Milan resulta ser un maleante que ha llegado a la ciudad con el propósito de atracar el banco local mientras que Manesquier es un profesor jubilado que trata de poner sus asuntos en orden antes de someterse a una operación a corazón abierto que puede resultarle fatal y que tendrá lugar precisamente el mismo día en el que está previsto que se cometa el atraco.

Estos dos hombres que convivirán durante algunos días en la casa del viejo profesor sólo tienen una cosa en común: a ninguno de los dos le gusta la vida que lleva y cada uno añoraría tener la vida del otro. Manesquier fantasea con dedicación sobre el turbulento pasado de Milan y se divierte jugando a ser él, poniéndose su ropa y aprendiendo a disparar sus armas mientras que su ocasional compañero de piso intenta paladear “los placeres de una vida sencilla” (como diría John Doe) con batín, zapatillas y pipa incluida.

No obstante y mediante algunas sutiles e inteligentes escenas que no vamos a desvelar se nos mostrará el fracaso de estos dos personajes que no podrán escapar a la vida que se han labrado durante tantos años viéndose por tanto obligados cada uno por su parte a afrontar el inevitable destino siendo esta en mi opinión la idea principal que quiere transmitir la película.

Lo mejor es sin duda ese tour de force entre los dos personajes principales: el veterano Jean Rocherfort que se convierte en alguien entrañable a los dos segundos de aparecer en pantalla y el también veterano (aunque por otras lides) Johnny Hallyday que además de ofrecer una sorprendente actuación (un ejemplo de cómo no confundir laconismo con inexpresividad) presenta un aspecto físico estupendo (sinceramente cuando me enteré de que el viejo rockero era uno de los actores de esta película me eché a temblar).

Lo menos bueno de esta película sucede precisamente cuando la acción abandona ese mano a mano entro los dos protagonistas e introduce a algunos personajes periféricos como son la banda de forajidos a la que pertenece Milan o una ex amante de Manesquier que consigue distorsionar un poco la imagen que de este personaje se había formado el espectador. En el debe de la película habría que anotar también un desenlace que introduce un extraño tono simbólico cuyo significado no acertó a desentrañar el que esto escribe.

Por Travis
Fuente: http://www.cine.ciberanika.com/cri11.htm

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El mundo es un archipiélago y lo único realmente globalizado es la proliferación de lo heterogéneo”

(Subcomandante Marcos)