NI UNO MENOS

Ficha técnica

Director: Zhang Yimou

Actores: Minzhi Wei, Huike Zhang, Zhenda Tian, Enman Gao, Zhimei Sun, Yuying Feng, Yi ge dou bu neng shao
País: China
1 hora 42 minutos
Género: Dramas
Película ganadora del León de oro por la mejor película, en el Festival Internacional de Venecia, 1999.
Dirigida por Zhang Yimou
Guión de Shi Xiangsheng
Producida por Zhao Yu

Sinopsis:

"Ni uno menos" relata la odisea de una niña que con tan sólo 13 años, llega a ser profesora suplente en el colegio de una pequeña aldea. Con el fin de cumplir la promesa que se hizo a sí misma de mantener a todos sus alumnos en el colegio, se marcha a la ciudad y emprende una cruzada para recuperar a uno de ellos, un alumno de 10 años que ha abandonado el colegio debido a las dificultades económicas de sus padres.

VER PELÍCULA EN LÍNEA:
http://www.megavideo.com/?s=seriesyonkis&v=K36FDDDY&confirmed=1


RESEÑAS Y CRÍTICAS DE LA PELÍCULA:

En la página Web de Film Affinity: http://www.filmaffinity.com/es/reviews/2/791152.html, hay varias críticas sobre esta película. De las cuales se han recuperado aquí tres, que se abocan a aspectos centrales para su análisis y manejo didáctico: Tizas de colores para una realidad gris, Tesón ilimitado en clave didáctica y En busca de la oveja descarriada.

1. Tizas de colores para una realidad gris

No es la mejor película de Yimou, pero es un buen filme, muy bueno.

En poco tiempo he visto dos películas cuyos protagonistas no eran profesionales, y además, protagonizadas por niños (la otra era "Las tortugas también vuelan"). Viendo el resultado, es de los pocos casos en que semejante "intrusismo" resulta de lo más beneficioso. La frescura de la película la transmiten personajes que básicamente se interpretan a sí mismos. Por cierto, el alcalde del pueblo tampoco es un actor profesional: es el verdadero alcalde de la aldea (por lo menos cuando se rodó la película).

Para mí hay cuatro partes dentro de la historia que nos cuenta la película:

1) Los primeros momentos en los que Wei llega a la aldea a sustituir al maestro, el contacto con los alumnos. Aquí la película empieza yendo de menos a más, culminando en la desazón que te transmite la niña ante una tarea que le viene grande: ser maestra de alumnos casi de su misma edad. Hay escenas dentro del aula que son, sencillamente, preciosas.

2) Cuando el alumno rebelde pasa a ser el alumno desertor y entre alumnos y maestra buscan la forma de conseguir dinero para que Wei vaya a buscarlo a la ciudad. Esto es pedagogía, señores: magníficas clases de matemáticas haciendo cuentas de cuánto tienen que trabajar para conseguir el dinero. Alumnos enseñando a alumnos. Y alumnos aprendiendo en situaciones reales. Insisto: esto sí es pedagogía. Pedagogía y todos a una, por cierto.

3) Cuando finalmente la maestra va a la ciudad. Esta parte es tremenda, porque hasta ahora la acción transcurría en una aldea que podía situarnos en cualquier momento de hace muuuuuuuuuuchos años. Pero no, hablamos de aquí y ahora. La ciudad nos recuerda el contraste que se puede dar en un mismo país: primer y tercer mundo separados por no muchos kilómetros. La pobreza y la riqueza, la miseria y la modernidad.... son cosas que no están separadas por el tiempo, sino por unos pocos kilómetros.

Aquí, en la ciudad, parece que muchas escenas fueron rodadas con cámaras ocultas (al niño le dieron de comer sin saber que estaba fingiendo; o la propia Wei a la entrada de "la tele" preguntado por el director...)

Impresionante el tesón de la protagonista. Para quitarse el sombrero, de llevarlo.

4) Esta última parte es la que personalmente, creo que sobra. Yimou intenta suavizar la imagen del país al que pertenece. Y aparecen las tizas de colores. No obstante, tal y como nos ha presentado toda la historia, los tiempos tan bien llevados, la frescura y fuerza de los personajes, las escenas realmente brillantes que nos ofrece (esas dos coca-colas!!), se puede ser benévolo y perdonar este último "lavado de cara"

Saludos

2. Tesón ilimitado en clave didáctica

Generosa es la definición perfecta de esta obra maestra, que tiene mucho de la filosofía oriental basada en el trabajo y sacrificio.

La historia se sitúa en una remota escuela de una aldea perdida de la civilización, en la China de los contrastes, donde existe un enorme porcentaje de población rural ajena a la explosión industrial y capitalista.

La joven de trece años Minzhi Wei se encuentra casualmente en la tesitura de sustituir al profesor de la mísera escuela. Le han prometido cincuenta yenes por hacerlo, mas diez extra si logra que ningún niño abandone la escuela hasta la vuelta del profesor. Su alumno más travieso huye a la ciudad a trabajar, y ella decide ir a buscarlo. En el proceso de conseguir el dinero para el billete de autobús (que dura un par de días) recibirá la ayuda de sus alumnos, y sin darse cuenta, sus lecciones a los niños serán ejemplares.

Yo es que soy muy sensiblón, y estas historias con tal derroche de dignidad y fuerza de voluntad, mezclada con humor y ternura, me pueden.

A la protagonista directamente le habría dado el Oscar. Pocas veces he visto una actuación más creíble y natural.

Me sorprende que tanto ella como los niños no sean actores profesionales. No me suelen convencer las actuaciones infantiles, pero aquí todos los niños son fascinantes. Sin duda gran parte mérito es del excelente trabajo del director, pero me temo que la naturalidad con la que actuan precisamente se deba a esa falta de profesionalidad. ¿Quién dijo que trabajar con niños era malo?. Debo decir que no encuentro esa soltura y credibilidad en actuaciones infantiles “occidentales”, normalmente con niños más resabiados (o repelentillos, como en el caso de la laureada Ivana Baquero del Fauno).

Si las escenas de la escuela son sobresalientes, las de la ciudad no lo son menos. Asistimos a un contraste brutal. Ahí es donde la heroína demuestra un tesón y fuerza de voluntad estremecedoras.

Sobra decir que es imprescindible visionarla en versión original, con las peculiares voces de la protagonista y los niños. Sin olvidar al genuino alcalde del pueblo, quien de nuevo se trata de un actor no profesional, al parecer alcalde real de la aldea donde se rodó la cinta.

Por último, destaco uno de los mejores y más emotivos finales que se podía esperar. Imposible no emocionarse con el primer plano de Wei. ¡Viva Zhang Yimou!.

Imprescindible.

* El travieso alumno fujitivo (¡qué gran actuación!) lee el diario de una compañera, que se lamenta por el mal uso de unas tizas rotas. En ese momento me doy cuenta de estar presenciando una de las más emotivas y bien llevadas escenas que haya visto jamás.

La imagen del niño perdido deambulando entre puestos y recibiendo comida es rodada con cámara oculta (se usaron varias en el rodaje de la ciudad). El niño, convenientemente maquillado de suciedad y cara lastimosa, recibe improvisadamente comida de una mujer, ajena a que se trata de una ficción.


3. En busca de la oveja descarriada

Soy maestra de profesión, en la cual ejerzo desde hace varios años, y por lo tanto una película de esta temática me toca muy de cerca.

Yimou, ese gran artífice en el arte de representar en el celuloide la realidad de lo que acontece en los distintos sectores sociales de China, me deslumbra de nuevo (como ya lo ha hecho en otras ocasiones: "El camino a casa", "Vivir", "La linterna roja"...) con este drama sencillo y contundente.

Reflejando la situación en la que se hallan los medios rurales de China, la trama se desarrolla en una pobre aldea que posee una escuela muy vieja y ruinosa (como la mayoría de las escuelas rurales chinas). La aldea apenas cuenta con medios y recursos para mantener la escuela. Cuando empieza la historia que nos ocupa, el maestro tiene que ausentarse durante un mes y el alcalde le busca una sustituta, una jovencita de trece años. El maestro impone una condición para pagarle a su sustituta el mes de sueldo: cuando regrese, ningún niño debe haber abandonado la escuela. Propósito difícil. ¿Conseguirá la nueva e inexperta maestra implicarse lo suficiente como para lograr que su redil permanezca intacto?

Esta chica tendrá que desenvolverse en su nueva faceta de maestra y convivirá diariamente con los niños de la aldea, compartiendo su pobreza, imponiendo su autoridad y descubriendo algo que compensa por encima de toda penalidad: la satisfacción del trabajo en grupo, de formar parte de una pequeña comunidad integrada por muchas cabecitas pensantes que tienen mucho que aportar. Muy pronto, la joven maestra se da cuenta que su profesión es más dura y difícil de lo que parecía, y de que un maestro hace más que enseñar: se involucra, se transforma en el guía espiritual de un grupo que necesita de sus consejos y de su protección. Y ella posee el suficiente corazón y la suficiente testarudez para conseguir sus objetivos. Fiel a la palabra dada, no está dispuesta a permitir que ninguno de sus alumnos abandone la escuela por ningún motivo. Pero las cosas no son tan sencillas.

Y otro gran descubrimiento: no hay nada que enseñe mejor que la vida misma.

Cuando un día es informada de que uno de sus alumnos, el más díscolo, ha dejado la escuela, su terquedad y determinación entrarán en juego y comenzará a idear modos para ir a buscarlo y hacerle volver. En estos planes intervienen todos los alumnos y enseguida pasan de las lecciones rutinarias con poco sentido para ellos, a las verdaderas lecciones, las que son realmente necesarias para desenvolverse en el mundo exterior. Tendrán que planificar entre todos alguna estrategia para hacer volver al compañero perdido. Nada enseña mejor las nociones de cálculo, razonamiento y lógica que, por ejemplo, tener que calcular el precio de un billete de autobús o cuánto cobran los peones que trabajan en la fábrica de ladrillos de la aldea.

Contemplar ese trabajo en equipo, a todos esos pequeños ilusionados con la idea de ayudar a su compañero a regresar, y a esa jovencísima maestra dispuesta a todo por recuperar a su alumno, es sencillamente hermoso.

Por momentos los dilemas de la jovencita que emprende la búsqueda y tiene que aprender a desenvolverse en medios extraños y poco amigables, van aumentando nuestra tensión mientras vamos observando los grandes contrastes entre las formas de vida de las gentes, el ajetreo de la ciudad, los transeúntes indiferentes, la gran carencia de algo tan elemental como es la compasión, el tender una mano hacia niños desprotegidos y desamparados... ¿Podrá la perseverancia de una insignificante maestra rural conmover la conciencia de alguien en medio de tantos corazones duros?

Yimou ofrece una soberbia lección y una denuncia que se extiende a tantísimos niños a los que se les roba la oportunidad de recibir una educación; que se extiende a todos los gobiernos que no hacen lo bastante para proteger a la infancia.


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