EL GRAN DICTADOR

Gran Dictador, El / The Great Dictator
Director: Chaplin, Charles
Pais:
Año: 1940
Reseña:
Francisco Peña


La fecha de su filmación es toral para entender el contenido y la importancia de esta cinta. Para esos años era ya notorio que Chaplin no se había adaptado muy bien al cine sonoro, ya que su personaje del vagabundo estaba construido en el cine mudo y mucha de su comicidad emana aún de gags y rutinas visuales puras.

Con el cine sonoro sus películas llegaban a pantalla entre largos intermedios de tiempo. Su film anterior es Modern Times / Tiempos modernos, de 1936; el siguiente es Monsieur Verdoux, filmada hasta 1947. En ese proceso El Gran Dictador surge como una declaración política abierta de su creador.

Como ya se sabe, es una crítica feroz del nazismo y del fascismo, por medio de la burla despiadada de Hitler y Mussolini. Pero, con el paso del tiempo, se ha olvidado un poco que en su momento -1940- fue una cinta valiente, y que con sus imágenes reveló al gran público muchas atrocidades del nazismo entre bromas y risas. Así pues, El Gran Dictador es un clásico por su contenido y por algunas secuencias donde el arte cómico de Chaplin sigue vivo.

La cinta abre una larga secuencia del final de la Primera Guerra Mundial, en 1918, donde Chaplin es un soldado alemán judío en los días previos al Armisticio. Allí se burla un poco del presupuesto nazi de que la Gran Guerra se perdió en el interior de Alemania por los políticos debiles, mientras que el ejército aún conservaba fuerza para la victoria.

Esta secuencia contiene la burla del cañón Gran Bertha y presenta al vagabundo "Charlot / Charlie / Carlitos" con sus gags visuales (la bomba que no explota, la granada de mano que se le escurre por la manga perdiéndose en su uniforme). Estos gags, por lo que ví en la función de prensa, conservan toda su fuerza y hacen reir al público a más de 60 años de distancia.

La otra secuencia es su encuentro con un aviador alemán aristócrata, al que le salva la vida luego de un accidentado vuelo con más gags visuales provenientes del cine mudo.

El vagabundo, que en este film es ya un peluquero (Cantinflas también mostró "ascenso social" con su personaje), pero tiene amnesia, ha estado recluido en un hospital y desconoce los cambios ocurrido en su país.

Mientras tanto, sube al poder el dictador ADENOID HYNKEL, cuyos más notorios colaboradores son el bufonesco Mariscal HERRING y el maquiavélico Ministro de Propaganda GARBITCH. Como se ve, ya desde los nombres comenzaba el pitorreo... De inmediato se lanza contra Hitler con un largo discurso de Hynkel. Allí Chaplin si recurre al buen uso del sonido en el cine, burlandose de la voz del dictador con toses; pero además, como excelente mimo que era, se burla de gestos y ademanes de Hitler en sus discursos.

En contraposición al palacete de Hynkel, Chaplin presenta al ghetto judío, en donde ocurre la historia de amor entre Hannah (su esposa Paulette Goddard) y Charlot peluquero. Es allí donde surge la vena romántica y melodramática que siempre cultivó Chaplin desde el cine mudo.

Es esta vena melodramática la que más ha envejecido con el paso del tiempo ya que, para las generaciones MTV, se convierten en escenas demasiado melcochosas.

Pero ese mismo ghetto es el escenario donde ocurre la violencia, el terror y la persecución contra los judíos, por parte de las tropas de asalto nazis (S.A.). Desde el saqueo, pintas en los vidrios, golpizas y, finalmente, los pogroms como la Noche de los Cristales (1938).

Entre estos dos espacios Chaplin brinca para burlarse de Hynkel, y mostrar la persecución contra los judíos.

En el palacete Chaplin muestra que Herring es un bufón, al que condecoran y descondecoran cada vez que le falla un invento militar. Garbitch es el político zorro y marrullero, eminencia gris y manipulador: no hay burla hacia este personaje, es simplemente siniestro.

En cambio, los judíos son vistos en forma más idílica. Son solidarios y, aunque Chaplin presenta un discurso demasiado inocente en boca de Hannah - Goddard, las aspiraciones de paz que contiene aún son válidas.



Es en el ghetto donde Charlot, ya como barbero, muestra una de sus secuencias clásicas. Con puros gags visuales y música (Rapsodia Húngara # 5, de Brahms) rasura a un cliente mientras todos sus movimientos están sincronizados con la música. Esta misma receta fue llevaba al paroxismo de la comedia y el absurdo en las extraordinarias "cartoons" de la Warner Brothers, donde el conejo Bugs le aplicó varias veces el mismo tratamiento a Elmer Fudd: homenaje y copia fundidos en las mismas risas.



También el ghetto es el escenario donde ocurre otra secuencua cómica de antología. A lo largo de su filmografía, Chaplin usó mucho las escenas de comida para satirizarlas (La Fiebre del Oro, por ejemplo). En este caso, varios comensales comen pastelillos, pero uno de ellos contiene una moneda que determina quien atentará contra Hynkel. Toda la secuencia viene de lo mejor del cine mudo de Chaplin.

Pero el blanco del humor más vitriólico de Chaplin es Hitler. Su Hynkel es libidinoso, mandón en público pero temeroso ante problemas reales; con cambios de carácter muy oscilantes y ataques de rabia. También con personalidad débil, sobre todo frente al otro dictador, Napoloni, del cual se burla también.

En medio de estas burlas a Hitler, Chaplin pone en pantalla una de las más demoledoras: el juego solitario de Hynkel con el globo terráqueo. La Tierra es el juguete perfecto del megalómano, que baila con ella en calidad de objeto total de su embeleso. Es la representación simbólica del sueño inalcanzable de la posesión y el control total del objeto codiciado: el dominio completo del mundo o su destrucción total son caras de la misma moneda.



Dentro de la trama de la cinta, también se cita la invasión de Osterlich, país idílico donde aún hay paz y no existen las persecuciones. Se trata, claro, de Austria, que fue "anexada" luego de un procedimiento legal fraudulento conocido como el Anchluss.

Esta invasión de Osterlich es el pretexto para confrontar a los dos dictadores. Es cuando hace su aparición el fascista BENZINO NAPOLONI.



En otra secuencia de gags visuales, Napoloni llega a la estación de tren que, como vagón del metro chilango, como que no se queda en su lugar: avanza y se echa en reversa mientras sus ocupantes caen y se paran una y otra vez. De nuevo, la tradición del gag visual chapliniano creado durante el cine mudo. Y de nuevo, también funciona a la perfección cómica luego de más de 60 años de que se fuera filmada la secuencia.

Chaplin establece una competencia entre los dos dictadores, a la que viste de gags visuales, pitorreo de poses y manierismos corporales, peleas de salamis y pasta, que termina en convulsiones cuando ambos consumen una muy picante "mostaza inglesa".

Al final, en un rápido equívoco, el barbero y Hynkel intercambian lugares. La cinta cierra con un discurso de Chaplin-Charlot en donde arenga a los espectadores con su mensaje político, donde defiende a la democracia, llama a la rebelión de los soldados a los que se confunde con máquinas, condena las guerras y termina por hablar de una nueva era de humanismo.

Este discurso, desde nuestro momento histórico puede parecer muy idealista y lejano luego de lo que se vivió en los siguientes 60 años del siglo XX (el final de la II Guerra, la Guerra Fría, las guerras de descolonización, el gulag soviético, Cuba, Vietnam, la caída del Muro de Berlín, la implosión de la URSS, las dos guerras de Irak, etc). Pero, desde el enfoque que remarca el contenido, El Gran Dictador fue una película valiente e incluso algo visionaria. Fue filmada en 1940, por lo que es una cinta Pre-Holocausto: el asesinato de los judíos, aunque en marcha, aun no había llegado a su punto más negro. La "Solución Final", aunque pensada desde antes de la guerra, no se implementó en la práctica hasta 1943, con la deportación forzada de miles de judíos a los campos deconcentración para pasar directo a las cámaras de gas.

Estos hechos recibieron difusión masiva hasta pasada la guerra, cuando se descubrió la dimensión real del genocidio. Basta apuntar que, aunque se filtraban testimonios de lo que ocurría en realidad, sólo se tomaron como rumores. Los mismos nazis crearon un escaparate de campo para judíos en Theresienstadt, quesque lugar ejemplo de como vivían; la Cruz Roja, los países neutrales como Suecia, etc., visitaban un lugar "diferente" a Dachau...

Con los datos que tenía a mano, Chaplin mostró en medio de la comedia, lo que ocurría en Alemania hasta el momento de la filmación de su cinta: la fractura completa de la legalidad y la expansión de la cultura de la muerte.

Sin querer queriendo, Chaplin previó el alzamiento de los militares alemanes aristócratas, en un intento por derrocar a Hitler en un golpe de estado. El militar Schultz, amigo del barbero, a pesar del snobismo del personaje y las burlas de Chaplin, parecía ser la única opción frente a la dictadura al negarse a cumplir órdenes de asesinato. En 1944 fracasó el golpe de estado de los militares de carrera, cuando Von Stauffenberg hizo detonar una bomba en el cuartel general de Hitler en Rastenburg, del cual el dictador salió ileso milagrosamente.

Chaplin plasmó en su cinta, entre risa y risa, persecuciones, cambio de las leyes, intimidación, pogroms, acoso e incluso mostró campos de concentración. Aunque frente a la realidad aparecen como diluidos o de "ficción" hay que recordar que Estados Unidos era un país neutral hasta ese momento, y con un fuerte movimiento social de aislacionismo y no intromisión en la guerra.

En ese sentido, Chaplin puso todo su prestigio y toda su fama en juego, en una cinta que mostraba el valor de afirmar y mostrar cosas que aún se discutían en la sociedad estadounidense. Hoy hay algunas partes de la cinta que se antojan débiles ante la realidad conocida, pero en su momento tuvieron contundencia al ser vehiculadas por su arte y la comedia.
En cuanto a la parte cinematográfica de El Gran Dictador, hay que mencionar que muestra los rasgos del estilo de Chaplin.

No tiene la brillante esgrima verbal de los Hermanos Marx encabezados por Groucho, tampoco la anarquía visual de cintas como Un día en la opera, Un día en las carreras o Duck Soup, de los mismos Marx. Son estilos cómicos diferentes.

Aquí Chaplin es fiel al estilo y al personaje que él creó desde el cine mudo. Melodrama en su relación con las mujeres, que raya en el victorianismo; narración cronológica sin sobresaltos (como se narraba casi siempre entonces; de ahí la "revolución" de Citizen Kane); ritmo sosegado y más lento (pre-televisivo); de allí que varias de las secuencias de El Gran Dictador se perciban como lentas en la actualidad.

Pero también, a cambio, tenemos secuencias cómicas excelentes, ligadas a la tradición de Charlot, donde su genialidad está intacta. No hay que olvidar que si ahora las "reconocemos" es porque despúés fueron adoptadas y transformadas por otros cómicos posteriores, tanto de cine como de TV. En él muchos se inspiraron, o de plano lo copiaron. Ciertas rutinas que nos parecen normales fueron creadas por el mimo inglés, que siempre se negó a nacionalizarse estadounidense.

En el rejuego de las generaciones, donde las más recientes tiene sus propios gustos y formación diferentes a las de los años 40, la oportunidad de ver El Gran Dictador es excelente para llenar vacíos en el conocimiento de espectadores y cinéfilos. Es la oportunidad de conocer un punto importante de la historia del Séptimo Arte y, claro... poder reir abiertamente con el genio incomparable de Charles Chaplin, que aún genera una risa fresca como si fuera la primera vez.

Producción : Charles Chaplin Productions. Dirección : Charles Chaplin. Guión : Charles Chaplin. Países : Estados Unidos, Año : 1940, Fotografía : Karl Struss y Roland Totheroh. Música : Meredith Wilson y Charles Chaplin. Edición : Willard Nico. Actores : Charles Chaplin (Adenoid Hynkel, dictador de Tomania / Barbero judío), Jack Oakie (Napaloni, dictador de Bacteria), Reginald Gardiner (comandante Schultz), Henry Daniell (Garbitsch), Billy Gilbert (Herring), Grace Hayle (madame Napaloni), Paulette Goddard (Hannah). Duración : 124 minutos. Distribución : Cineteca Nacional.


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